dimarts, 7 de juny de 2016

He rebutjat un contracte de treball d'un any

Aquests dies s'ha fet viral a internet l'article d'un jove escriptor, que ha rebutjat una oferta laboral força "típica" perquè considera que no compensa les seves expectatives vitals. Més enllà de la gràcia del text, i de la provocació que representa, aquest text ens convida a reflexionar sobre si som conscients del preu que paguen els treballadors per poder treballar, en termes de creixement personal. 


He rechazado un contrato de trabajo de un año

Acabo de entrar por la puerta de casa. Ya estoy en Asturias.
Acabo de llegar de Madrid.
Lo primero que he hecho, tras saludar a los gatos y disculparme con las gallinas por desaparecer de imprevisto, ha sido encender el ordenador y sentarme a escribir.
¡3 putos días sin escribir! ¡Ha sido un tormento! Por la mañana, todavía en Madrid, tenía ganas de dar pisotones a la gente, por la calle… ¡Da igual que los conociera o no, da igual que fueran buenas personas con corazones justos y generosos ¡Yo los odiaba a todos!
— ¡Mi ordenador! ¡Mi ordenador! ¿Dónde está? ¿Por qué estoy lejos de él? ¡Necesito escribir! —no paraba de pensar.
Pero mis dedos ya golpean el teclado. Mi corazón se relaja: comienzo a respirar con normalidad. Estoy en casa, tecleando con fuerza.
Fui a Madrid a escuchar una oferta de trabajo.
Nos pagaron el viaje y un hotelito la mar de simpático. Dos noches. Bueno, el tren de mi esposa lo he tenido que pagar yo, pero es que no me gusta estar sin ella. Ya sabéis: el amor. Ella es mi compañera y amiga. Hemos pasado por muchas cosas juntos, ella ha demostrado que está en mi barco y no quiero perderla.
Me senté en una mesa grandísima y escuché a esos buenos señores que habían querido que viniera desde Asturias. Llevaban trajes, corbatas. Eso me puso alerta. Ese uniforme es del siglo pasado y trae, como recuerdo, muchas cosas crueles. ¿Por qué habían pensado en mí si eran personas del siglo pasado? ¿No saben que yo renací en la naturaleza tras años viviendo en Madrid? Aquello no iba a terminar bien.
Escuché la oferta laboral
Un gran proyecto (para ellos).
Muchas expectativas y promesas de promoción (para mí).
Me ofrecieron un contrato 100% seguro por un año: 1.000 euros al mes, podía trabajar (escribir para ellos) desde Asturias pero… el trabajo requería dedicación exclusiva.
Tuve que decir que no.
Ya no estoy en esa edad ni en ese momento de la vida en la que decía que sí a cualquier trabajo que me ofrecieran porque no sabía qué hacer con mi talento, porque no sabía qué iba a hacer pasado mañana. He aprendido muchas cosas en estos 7 años de crisis. Una de ellas es a ser un novelista de puta madre. Otra, es que 1.000 euros al mes no es nada. 1.000 euros sirven para vivir mes a mes: que te engorde la barriga a la vez que te matas por trabajar para alguien.
Los fines de semanas vas a un centro comercial y te compras algo.
Un día, andas algo tonto y te pillas otra chorrada a plazos, para animarte.
Otro día, dentro de un año, o al mes, o a los dos años, ese trabajo termina por la circunstancia X y te miras al espejo con cara de gilipollas.
— ¿Y qué hago ahora? —te dices.
Has trabajado para otra persona, escribiendo. No existes.
Tus lectores, te han olvidado. Tu fuerza, tu energía: se la has dado a otro.
Te has vaciado, has luchado por sus objetivos. No por los tuyos. Les diste TODA tu energía. Ellos siguen. Tú te paras.
Lo que te queda no es más que un tiempo en el paro. Y los plazos.
—Un trabajo así sólo lo aceptaría por 5.000 euros al mes —les dije—Por 1.000 euros al mes sólo podría daros... (continuar llegint)

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